Los problemas de adaptación se refieren generalmente a la tensión notable que una persona tiene ante una situación en particular de su vida y que dura periodos prolongados.
Un ejemplo muy común sería la imposibilidad de reajustarse luego de una pérdida amorosa. Pueden presentarse también ante situaciones de presión en el ámbito laboral, problemas con amigos, vecinos, conocidos o familia. A veces se presentan ante un asunto en concreto y en ocasiones son la suma de varias situaciones que rebasan la posibilidad del individuo de acomodarse.
Las reacciones varían:
*** Tristeza prolongada y desesperanza (sensación de que la situación no se va a solucionar)
*** Preocupación constante, angustia, pensamientos repetitivos acerca del tema.
*** Dificultades para tener una conducta adecuada (escaparse, no cumplir obligaciones, perpetrar actos agresivos, quedarse dormido, no asistir a citas y en general comportamientos disfuncionales)
*** Enfermedades físicas continuas
*** Aislamiento social
Cuando perdemos el control de las situaciones, las cosas no salen como las hemos planeado, no nos hace caso una persona que nos interesa, no obtenemos buenas calificaciones aunque estudiemos, nos cuesta trabajo resolver una situación económica, tenemos alguna enfermedad física, etc. debemos pasar por una etapa de duelo, es decir, negarnos a aceptar la situación, enojarnos o ponernos tristes por un tiempo, para finalmente resignarnos al asunto y pensar en cómo vamos a vivir con esa pérdida, carencia o molestia. 
Algunas veces podemos atorarnos en ese proceso de resolución de la situación en el ámbito psicológico y no logramos transitar adecuadamente por las etapas de trabajo que se requieren para que nos adaptemos y podamos seguir con la vida.
Si la desadaptación ante la pérdida de un empleo, una relación interpersonal, una meta, una enfermedad física o cualquier otra complicación no se resuelve después de seis meses y sigue causando molestias serias como tristeza, llanto, pensamientos obsesivos, desánimo, incapacidad de cumplir con las obligaciones cotidianas, aislamiento social o síntomas físicos como dolores de cabeza, molestias digestivas, problemas de piel y otros, se recomienda acudir a psicoterapia.
Este hábito se presenta en diversos grados, desde los muy moderados donde las personas prefieren morder que usar tijeras para cortar las uñas, hasta los que se las comen tanto que éstas se vuelven reducidas, encarnadas y deformes. En éstas condiciones se suelen tener también heridas sangrantes alrededor de la zona. Con el tiempo los dientes de enfrente se achatan, se desgastan y afean.


Estamos hablando de una conducta compulsiva, es decir, que se presenta casi con carácter de “inevitable” a pesar de que la persona tenga la intención de no llevarla a cabo. Cumple funciones de mitigadora de la ansiedad.




Las personas que se consideran a sí mismas adictas al sexo tienen diferentes reacciones ante el asunto: unas describen el fenómeno como desagradable, intrusivo y poco adaptativo para sus vidas. Otras sienten mucho placer por tener ese tipo de orientación tan acentuada.
La obsesión y compulsión sexual a menudo va acompañada de búsqueda de imágenes sexuales o pornográficas, conversaciones frecuentes acerca del tema, tocamientos en lugares públicos, acoso sexual velado o abierto, dificultades de concentración, celos excesivos (celotipias), infidelidad compulsiva y otras.


Se reporta en éstos casos la sensación de vacío, de desmotivación, de desánimo. A veces hay cierta alarma ante la imposibilidad de sentir cariño, amor u odio hacia las personas cercanas.

En situaciones que tienen mucha repercusión en nuestra vida es completamente natural que nos cueste trabajo decidir.
Si te sucede ésto de manera alarmante y te deja varado por la vida sin poder moverte o haciéndote perder mucho, pero mucho tiempo pensando qué hacer y qué no, te tengo una noticia: tienes un problema relacionado con la obsesión compulsión y se puede atender con psicoterapia.