Se instaura en un momento: le cruza la idea de que está muy enfermo y se pone a revisar todas sus sensaciones: sí, sí, una mano se le sacude un poco, le molesta un músculo detrás del tobillo, le punza ligeramente una muela y tiene inflamado el abdomen. Trata de no pensar en esos temas, pero cuando nota de nuevo el temblorcillo de manos se las mira largamente tratando de ver con cuidado si tiemblan mucho o poco. Cuando tiene un rato se mete a internet a checar “temblor de manos”, se da cuenta de que podría estar enfermo de mil y un cosas. Exacto: una de ellas, la hipocondria.
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