Comunicación interpersonal ** *****

¿Cuando te comunicas con las personas, sueles ser juguetón, risueño, amigable?

¿Eres capaz de ser optimista al conversar con otros?

¿Buscas a toda costa lograr un cambio en la persona con la que te estás comunicando?

¿Expresas juicios acerca de lo que crees que está bien o no, lo que debe ser, lo que es adecuado?

¿Eres reflexivo y tratas de entender lo que ha sucedido antes y lo que está pasando ahora?

¿Dices lo que sientes cuando te comunicas? ¿Intentas escuchar y entender lo que la otra persona está sintiendo?

Cuando te comunicas con otro desde la postura de que “tú eres el que sabe y el otro tiene que aprender de tí” es posible que resultes pesado y difícil de escuchar, porque no estás tomando en cuenta que el interlocutor también tiene ideas acerca de cómo deben ser las cosas, lo tratas minimizando su capacidad de pensar, lo nulificas. Pudiera ser que te mientan, te den la razón sin estar en realidad de acuerdo o evadan dialogar contigo, dado que en realidad resulta imposible hacerlo si no consideras el punto de vista del de enfrente.

Si eres excesivamente reflexivo, tal vez seas desapasionado emocionalmente y suenes distante, como alguien que evalúa las cosas a nivel intelectual pero no afectivo. La lógica formal y la de las emociones no siempre coinciden, de ahí lo complejos que somos de entender los humanos en nuestras conductas, emociones y afectos.

Si tienes un estilo de relacionarte con comunicaciones optimistas, siendo risueño, ligero y certero a la vez, posiblemente seas una persona agradable para estar, con la que el otro se logra sentir cómodo, no juzgado ni sentenciado, con posibilidades de realmente decir lo que siente y piensa. De manera flexible y natural surgirán los acuerdos.

En el caso de que puedas comunicarte expresando lo que sientes y lo que piensas y tengas disposición a escuchar lo que el otro piensa y siente sin tener que confrontar las posturas, sino apareándolas, probablemente logres un alto nivel de intimidad afectiva.

La situación comunicacional por supuesto no es tan esquemática, tenemos un repertorio de estilos para interactuar y los otros también, lo cual genera gran cantidad de combinaciones posibles.

Influye el tipo de relación de los comunicantes que pueden ser esposos, padres e hijos, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, desconocidos, etc.

El tema a discutir también genera más o menos posibilidades de usar cual o tal tipo de interacción.

El diálogo además puede ajustarse, cambiar, modularse ante la combinación de los temas, el tipo de relación, la urgencia o no de solución, los estados fisiológicos de los charlantes, el ambiente externo y otras situaciones que contextualizan y matizan el diálogo.

No deja de resultar interesante preguntarnos si tenemos un estilo casi único de comunicación y nos falta flexibilidad para utilizar otros. Si logramos entendernos con los demás, comunicarles lo que deseamos, escuchar y llegar a acuerdos y situaciones que favorezcan el estrechamiento de las relaciones o bien si rompemos, desgarramos, sentenciamos al fracaso nuestra cercanía con aquéllos con los que nos interesaría estar cerca.

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