Autoconstrucción y autodestrucción ****

Más allá de que trabajemos o no con un modelo psicoanalítico, me parece innegable que una de las afirmaciones de Freud es difícil de contradecir. Seguramente los términos que él utilizó suenan obsoletos, pero el contenido es vigente. El hablaba de una tendencia a la muerte y otra a la vida (eros vs. thanatos). Decía que constantemente estamos en una lucha contra la tendencia a la destrucción y el caos y a la vez tendiendo a ella.

Si “no hiciéramos nada”, por ejemplo, pronto moriríamos de hambre, de sed o hasta atropellados por un automóvil al cruzar la avenida. Nos pasamos la vida cuidándola, ya que un sólo momento de descuido puede acabar con ella. Curiosamente a la vez que tenemos muchas conductas que nos ayudan a la consecusión del bienestar, presentamos otras que nos autodestruyen de una u otra manera a lo largo del tiempo.
¿Por qué un diabético come alimentos que le degeneran poco a poco sus órganos internos?

¿Por qué a veces no dejamos de entablar relaciones con personas que nos hacen sufrir y nos maltratan o no nos entienden?

¿Por qué somos capaces de correr autos a gran velocidad a sabiendas de que un error puede dejarnos malheridos, incapacitados o muertos?

¿Por qué bebemos alcohol al punto en que nos causa crudas espantosas, nos induce a conductas peligrosas o nos va quitando la salud poco a poco?

¿Por qué exponemos la vida tendiendo relaciones sexuales de alto riesgo?

¿Por qué comemos en exceso aunque nos sentimos mal con nuestro cuerpo y/o nos enferma hacerlo de esa manera?

¿Por qué seguimos jugando a las apuestas cuando sabemos que la siguiente partida nos puede dejar en la ruina?

Se ha apreciado que las conductas autodestructivas se constituyen en una forma de vida, en un hábito de conducta. Ayudan a evitar el dolor de manera rápida aunque no propician soluciones a largo plazo. El placer que generan de manera inmediata es tan poderoso que caemos en una compulsión a vivirlo de nuevo. Es difícil tolerar la abstinencia al cigarrillo, a una relación de pareja, a la comida hipercalórica.

El manejo de la ansiedad es un gran asunto en estos casos: cómo podría sentirme bien si no estoy comiendo, si dejo de buscar a esta persona, si no bebo alcohol, si no tengo relaciones sexuales cada fin de semana casi casi con quien sea? A veces resulta que no tenemos soluciones diferentes para vivir la vida.

El poder sustituir nuestras fuentes de control de la ansiedad cuando esta es perjudicial a mediano o largo plazo para nosotros, cuando no nos ayuda a resolver sino solamente a evitar el dolor por poco tiempo es todo un arte. Se requiere un cambio de estrategias para lograr el bienestar. Los reforzadores que incluso a nivel cerebral se obtienen de ciertas conductas son tan adictivos como las conductas mismas. Excederse en el ejercicio a riesgo de lastimarnos, volver a sentir la emoción de reencontrarnos con ciertas personas a pesar de las previsibles consecuencias dolorosas, comer hasta sentir el estómago a punto de reventar, son actos que nos proporcionan placer y casi inmediatamente dolor.

A veces rastrear en nuestra historia personal ayuda a entender dónde aprendimos eso, qué deseos y anhelos no cumplidos tenemos escondidos alrededor de nuestras conductas autodestructivas, por qué no podemos encontrar en nuestras realidades personales alternativas de conducta diferentes que nos alivien, nos den placer y soluciones más permanentes y satisfactorias a los asuntos que nos preocupan.

Negar los propios problemas reales, no tolerar la demora y los cambios, no poder planear a largo plazo, tener dificultad para establecer relaciones interpersonales duraderas y significativas, no tolerar la angustia o las separaciones y pérdidas son problemáticas asociadas a éstos asuntos.

¿De qué estaría compuesto nuestro estado interior sin esos estímulos intensos? ¿Cómo aliviaríamos nuestra ansiedad?

Tal ves si nos abstuviéramos tendríamos que mirar hacia adentro de nosotros y encontraríamos las sensaciones de vacío, incapacidad de resolver, falta de imaginación, necesidad de repetir y repetir en lugar de entender, falta de capacidad de tolerar la frustración, dificultad de acercarnos nuestros propios motivos y de ir por otros derroteros

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