Enfermedades psicosomáticas (la ansiedad vertida en el cuerpo) ****

Obviamente no somos un cuerpo y una mente. Somos, punto. Cuando nos da una gripe por ejemplo, nuestro estado de ánimo decae mucho porque nuestro funcionamiento físico está alterado, muy alterado. No respiramos bien, nos duele la cabeza o sentimos dolores en las articulaciones. La comida no nos sabe a nada, no logramos dormir bien. Lo contrario también sucede: si nos sentimos emocionalmente alterados el cuerpo se tensa y se enferma.

En ocasiones las personas tenemos dificultad para percatarnos de nuestros estados emocionales, no reparamos en ellos. Solamente nos damos cuenta de nuestros pesares físicos. Incluso esos a veces nos pasan más o menos desapercibidos. Hay personas que sufren de años de acidez estomacal y gastritis por ejemplo sin atenderse médicamente, como si fuera “normal” sentirse mal siempre. De igual manera sucede con las afecciones psicológicas, transitamos con ellas sin pensar cabalmente que pueden atenderse y aligerarse.

Las enfermedades psicosomáticas son aquéllas afecciones físicas que están de alguna manera relacionadas con la tensión emocional. Si solamente atendemos los síntomas con medicamentos, dejamos del lado una de las variables muy importantes de la cura: el aspecto emocional. En esos casos la posibilidad de reincidencia de la enfermedad o molestia es muy alta.

Un hecho muy común es que médicos receten ansiolíticos (tranquilizantes) a sus pacientes pues entienden que están estresados emocionalmente. A la larga estos se vuelven dependientes de esos medicamentos y requieren dosis mayores o no los pueden dejar. ¡Y finalmente no se resuelve el problema! ¿Por qué no se resuelve? Porque la persona necesita entender lo que le sucede a nivel emocional para encontrar diferencias y soluciones a lo que acontece en su mundo interno para no reincidir en el sentirse mal física o psicológicamente.

Algunas molestias que pueden tener un origen psicosomático podrían ser:

Dolor de espalda
Comezón persistente en la piel
Mareos, vértigos
Abdomen distendido
Dolor en extremidades
Dolores frecuentes de cabeza
Gases en el estómago
Dificultad al respirar
Taquicardia, palpitaciones
Dolor en articulaciones
Dolor en el pecho
Náuseas persistentes

Si presentas alguno o algunos de estos síntomas, acude al médico, y si aun así se repiten con frecuencia, también atiéndete con un psicoterapeuta. No quiere decir que “estés loco” o “mal de la cabeza”, simplemente que te ayudará mucho entender de qué están hechas tus inquietudes internas para darles cauce y solución.

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