Infelicidad e ideas fijas (obsesión, depresión) ****

Es imposible que el hombre pueda tener todo lo que quiere. Pero sí le es posible ser feliz con lo que tiene en cualquier momento. Séneca

Una
de las causas frecuentes de la infelicidad es la recurrencia de ideas
fijas. Alguna vez nos dijimos por ejemplo: “para ser feliz tengo que
tener terminada la escuela”, “tengo que tener una pareja formal” “tengo
que ser delgado”, “tengo que tener un trabajo con contrato de planta”,
“tengo que tener una familia completa y sin problemas”, etc, etc.
Si
nos situamos en la carencia en lugar de en lo que “es”, es muy probable
que seamos profundamente infelices, ya que siempre nos sentiremos
incompletos. La fijación en los deseos insatisfechos es una
de las grandes adherencias de pensamiento de los seres humanos. Por
supuesto es imposible dejar de desear, ya que la vitalidad depende de
nuestra capacidad de tener planes continuamente y por lo mismo apego a
la existencia. Es sano buscar metas y completar faenas.  Una
persona muy deprimida dejará de tener proyectos y deseos y
vivirá una enorme futilidad para su existencia.
La
sensación de felicidad no se da a partir de que las cosas
funcionen siempre sin tropiezos. Es necesario poder tolerar las piedras
en el camino, los imponderables y los cambios de planes para poder
estar en el zig zag existencial. Freud denominaba “neurosis” entre
otras cosas a la sensación permanente de
imperfección. Nada es suficientemente bueno, siempre las
cosas podrían ser mejores, hay una autocrítica
permanente.
Resulta muy interesante notar que el deseo “excesivo”, ese que nunca se
termina de completar del todo en un extremo (la neurosis, como se
decía anteriormente) y la falta de deseos, o la
sensación de impotencia, de desesperanza, de carencia de
emociones exaltadas hacia algunas metas (depresión) en el
otro extremo, implican posturas  que nos conducen a sentirnos
muy insatisfechos y lejanos a la sensación de placer,
satisfacción y encanto por la vida. Ya hablaba el Buda de la
prudencia del “término medio”.
Así,
la sensación de imperfección constante, la
intolerancia a la frustración y al cambio de planes, la
imposibilidad de sobreponernos a lo no obtenido, la incapacidad de
vivir el momento sin la nostalgia perpetua por lo que no es, o bien la
sensación derrotista, la desmoralización
depresiva y la desesperanza, son emociones y actitudes que
habría que analizar en un proceso
psicoterapéutico para avanzar en la búsqueda (que
parece labor infinita) de la felicidad.

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