Negación, indiferencia, minimización ****

Hubo un
tiempo en que yo compartía el
consultorio con un colega psicoterapeuta. Una tarde, él no
pudo venir a las
consultas por que se le presentó una emergencia. Me
llamó y me pidió que
pusiera un letrero en la sala de espera para anunciar que no
podría atender a
sus pacientes citados ese día. Quedé muy
sorprendida al notar que
había gente sentada en el sillón cuando yo
salía a despedir a algún paciente.
Les explicaba que su terapeuta no llegaría ese
día, mostrándoles la cartulina
completa con letras en plumón negro. Dos de ellos me
contestaron que no habían
notado el llamativo letrero que estaba literalmente enfrente de sus
narices. Otro me dijo:
“sí vi el letrero,
pero pensé que era de otro día” Me
quedó claro que ellos querían ver a su terapeuta
y ninguna otra realidad era
atendida. Incluso cuando les dije de viva voz que él no
estaría necesitaron que
se los repitiera dos o tres veces.

He
atendido personas que llevaban
años con gastritis sin ir al médico, que
sabían que su pareja les ponía el
cuerno y no reaccionaban, que eran maltratados y no se imaginaban que
pudieran
poner una solución al asunto.

No deja
de tener utilidad la negación
cuando hay que resolver asuntos urgentes: si se nos muere alguien
súbitamente y
tenemos que atender a todos los detalles de su funeral, es
práctico que no lloremos
y nos pongamos muy ansiosos en un inicio y podamos afrontar la
emergencia. Si
somos anunciados de una enfermedad terminal, nos ayuda a acomodar
asuntos
prácticos y emocionales sin querer tirarnos por la ventana.

Podría
pensarse que es una función
muy adaptativa en las primeras fases de afrontamiento de asuntos
graves, pero
si continúa más de la cuenta puede volvernos
inadaptados, vulnerables al daño
del cual no nos defendemos o simplemente atorados por semanas, meses,
décadas
en asuntos que no logramos aprehender y resolver exitosamente y
desarrollar
trastornos depresivos, ansiedad crónica o somatizaciones.

La
negación del sufrimiento emocional
(por ejemplo: así son las cosas, no hay nada que hacer, no
es tan grave) nos
previene muchas veces de la posibilidad de pensar en acceder a ayuda
psicológica, médica, legal o de los amigos o
familiares.

Pero
tú, …. haz como si no
hubieras
leído esto y no te preocupes de nada.

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