La propia muerte, la muerte del otro – capacidad de afrontamiento – ** ***

 

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 (Kraepelin)

 

Captura de pantalla 2014-04-29 a la(s) 15.13.24En esta época de evadir las emociones fuertes con medicamentos varios, una pregunta interesante es qué tanto nos permite la visión occidental “culta y adinerada” vivir nuestros duelos ante la salida de la vida propia y del de al lado.

Tanta es nuestra necesidad de escapar a mirar la muerte de frente ( albergar la ilusión de inmortalidad ), que estamos dispuestos a que nuestros seres queridos sean conectados de maneras a veces extremas e innecesarias a toda clase de aparatos médicos para sentir por un lado que hicimos todo lo posible por que el otro no muriera (no somos responsables de haber deseado incluso que ese otro dejara de sufrir innecesariamente), así como para no tener que aceptar el proceso de agonía del enfermo o roto por accidente, y todo lo que esto conlleva.

Nosotros mismos también lo preferiríamos así, en todo caso ante nuestro propio final. En muchas ocasiones tenemos un concepto tan desligado de la vida acerca de lo que es morir, que no logramos proporcionarnos a nosotros mismos y menos al moribundo un momento de belleza para el término de su existencia.

Captura de pantalla 2014-04-29 a la(s) 15.28.28Ni siquiera le dejamos tener plena conciencia de su partida de la vida, mintiéndole y mintiéndonos acerca de los momentos finales, disfrazándolos con medicamentos, comas inducidos, etc.

Estar cerca del que va a morir es difícil, las rencillas familiares a veces dificultan al que se va estar con todos, -todos esos que no pueden estar juntos entre sí-. Despedirnos del que va a morir, conversar acerca de su próxima muerte, aceptarla junto con él como parte de la vida, parece a veces un pecado. “No se hable de que está muriendo” a pesar de toda evidencia, es práctica más que común.

Captura de pantalla 2014-04-29 a la(s) 15.30.09Y ni qué decir que nosotros mismos tal vez tampoco estaríamos listos para decirle a otros claridad que estamos muriendo. Somos capaces de dejar morir y aceptar morir nosotros mismos, llenos de conciencia y reflexión ante el suceso? Sin demasiados ansiolíticos y comodidades tales que nos tengan en estado casi comatoso e inconsciente ante el gran evento?

Dejamos a nuestros amigos y parientes que nos hablen de sus preocupaciones acerca de nuestro futuro cuando ellos ya no estén? De su dolor de dejarnos y no poder acompañarnos más? O los callamos con el “no pasa nada”, “no te estás muriendo” y tal?

Captura de pantalla 2014-04-29 a la(s) 15.31.23Y por último: quién es el protagonista en el caso de las muertes inminentes o anunciadas: el moribundo o tú y yo?

Frases del tipo: “pasó a mejor vida”, “está con los angelitos”, “se fue al cielo” son eufemismos utilizados para, de alguna manera, condenarnos a no tener derecho a “rasgarnos las vestiduras” ante la partida de personas significativas. Ese tipo de frases de consuelo conllevan el mensaje de: “no debes sufrir por que el otro está bien”.

Pero quién dice que sufrimos por el otro? En gran medida sufrimos por nosotros sin el otro, o no?

 

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