El “mal humor” y el enojo te dominan? ** ** (distimia)

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¿Te pones de mal humor cuando no comes a tus horas? ¿Cuando las cosas no suceden como las tenías previstas? ¿Cuando alguna persona hace algo que te parece inadecuado, repetitivo y que no te gusta? ¿O hasta que te cruce por la cabeza un pensamiento podría ponerte de “malas”?

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La disforia implica un estado casi permanente de desagrado, insatisfacción e irritabilidad. Muchos y muy frecuentes actos de la vida cotidiana resultan desagradables y motivan la falta de contento para los que tienen este  padecimiento.

Si estás muy apegado al pasado, a los planes por cumplir y tienes poca tolerancia a que las cosas salgan de maneras diferentes a como tú las esperas, serás especialmente propenso al mal genio.

Captura de pantalla 2016-03-17 a las 17.29.47.pngEs probable que la emoción negativa ante los sucesos que no nos gustan sea más o menos común y parecida en todas las personas, lo que varía enormemente es la reacción emocional y conductual ante la frustración. Algunas personas logran atemperar la contrariedad, tener pensamientos del tipo: “esto es pasajero”, “al rato se arregla”, “no me gustó pero así son las cosas”, “no puedo hacer nada por el momento al respecto”, “no quiero mostrar mi alteración para no desajustar mi relación  con el medio”, etc.

Otras personas no desean o no logran controlar una evidente reacción de descontento, desconsuelo, enojo, irritación, tristeza, rabia o confusión.

Se pueden atribuir los estados de mal humor al hambre, el sueño, los desbalances hormonales, de neurotransmisores, la tensión, la falta de sueño, el ruido etc. Sin embargo es innegable que algunas personas presentan mayor tolerancia a la frustración que otras, algunas son más capaces de enderezar el rumbo mientras otras caen en la rabieta o la desesperanza, la irritabilidad o el desánimo.

En realidad en ocasiones forma parte de cuadros importantes como  distimia, depresión clínica, trastorno bipolar, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno límite, trastorno evitativo, síndromes de abstinencia, trastorno de Asperger, trastorno dismórfico corporal e incluso esquizofrenia.

Una vez realizado un diagnóstico adecuado, se podrá proceder a realizar las intervenciones psicoterapéuticas y en ocasiones farmacológicas pertinentes al caso.

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Es posible trabajar en las emociones para poder generar reacciones menos desagradables para uno mismo y para los demás ante las continuas frustraciones que la existencia nos depara. Algunos autores consideran esto una parte fundamental del entrenamiento en la “inteligencia emocional” (cómo reaccionar ante las propias emociones de maneras productivas en lugar de disruptivas) , la “inteligencia interpersonal” (cómo resolver las diferencias con los demás y tener relaciones efectivas y eficientes) y la “inteligencia intrapersonal” (cómo entenderse a uno mismo).

No basta decir que uno tiene mal humor, y que “uno así es”, hay que atender esta circunstancia para tener una vida agradable y satisfactoria.

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